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Desarrollo sostenible

Las cementeras españolas, al borde de la crisis por las exigencias del Protocolo de Kioto. 

ABC. 

Jueves, 26 de Junio  de 2003

La Unión Europea debate actualmente los términos de la Directiva de Comercio de Emisiones de Gases Efecto Invernadero que constituirá, previsiblemente a partir de 2005, un mercado de emisiones de CO2, en el que quedarán establecidos unos límites máximos, y que, para ser cumplidos, los países con exceso de emisiones podrán comprar parte de los derechos que les correspondan a otras naciones que no alcancen la cantidad asignada. Antes de que acabe este año, España tiene que presentar su plan de asignación en esa materia.

En 1997, la UE se comprometió a controlar sus emisiones de CO2 y los niveles de gases de efecto invernadero para cumplir con el Protocolo de Kioto. Para ello se estableció como referente mantener las emisiones de 1990, y se acordó que para el periodo 2008-2012, Europa debía reducir sus emisiones en un 8% con respecto a 1990. Los gobiernos de la UE establecieron unos límites de emisión de gases diferentes para cada país, en función de las previsiones de su evolución económica. A España se le permitió que aumentara la emisión de gases en un 15% con respecto a 1990. Sin embargo, nadie pensó que el desarrollo económico español iba a ser tan importante, y ya en el año 2000 superaba en un 32% las cifras de 1990, según manifestó a ABC Javier Merle, director de Medio Ambiente y Energía de Cemex, y en 2010 se prevé que nuestro país esté un 38% por encima del límite establecido.

Los automóviles y las calefacciones de las viviendas son los principales emisores de gases de efecto invernadero. El sector energético, las cementeras, la siderurgia y las refinerías producen el 40% de las emisiones de CO2 en España, y están sujetas a cumplir con la directiva europea citada anteriormente. Al Gobierno español le es así más sencillo controlar las emisiones de gases de apenas unas 1.500 industrias, que establecer una «persecución» casa por casa y coche por coche.

Con la tendencia actual, nueve países de la UE no cumplirán con los objetivos de Kioto, por lo que serán compradores de derechos de emisión de CO2. Los expertos prevén entre 2005 y 2008 un precio para esos derechos de 40 euros por tonelada de CO2, y de 100 euros por tonelada a partir de 2008. El déficit representaría un coste para el Estado español de 2.800 millones de euros año, equivalente al 0,4% del PIB.

Muchas industrias no podrán soportar esas penalizaciones y se verán obligadas a cerrar, entre ellas varias cementeras, según asegura Pedro Mora, director de Tecnología y Medio Ambiente de Oficemen, la asociación de empresas fabricantes de cemento, quien añade que para cubrir la demanda actual y futura de cemento en España es necesario mantener una producción de 29,4 millones de toneladas de clinker (la materia básica del cemento), lo cual produciría unos 26,4 millones de toneladas de CO2. Si la asignación para España de emisiones de gas de efecto invernadero permanece en los límites de 1990 más un 15%, al sector cementero le corresponderían unas emisiones de 24,4 millones de toneladas de CO2, lo que implicaría el cierre de tres cementeras, con la eliminación de 600 empleos directos y 1.200 indirectos, además de unas pérdidas económicas de 400 millones de euros. El peor de los supuestos previstos es obtener unos derechos de emisión de CO2 de hasta 22 millones de toneladas, que elevaría a seis las cementeras a cerrar, la supresión de 1.200 empleos directos y hasta 3.600 indirectos, así como unas pérdidas económicas de 800 millones de euros.

Javier Merle precisa que si España se ve obligada a cerrar fábricas, las cementeras tendrán que importar el clinker para fabricar el cemento de factorías instaladas en países en los que no existe ningún tipo de control de emisión de gases, con lo cual el efecto invernadero a nivel global sería más perjudicial.

Soluciones propuestas

La solución pasa, en primer lugar, por realizar fuertes inversiones en las cementeras -a lo que dicen estar dispuestas- para instalar nuevos sistemas de cocción y enfriamiento que, no obstante, no van a suponer más de un 2% de ahorro energético.

Además, solicitan al Gobierno que permita, como en otros países europeos, el consumo como combustible alternativo de residuos del tipo de harinas cárnicas, aceites, poda de árboles y arbustos y neumáticos, entre otros. Este tipo de residuos tienen que ser depositados en un vertedero o incinerados, de cualquier manera, y sus emisiones de CO2 no computan en los límites establecidos por la Directiva europea. El empleo de este tipo de residuos como combustible podría ahorrar en torno a un 10% de la compra de derechos de las emisiones de CO2, señala Pedro Mora.

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Última modificación: lunes, 21 de julio de 2003