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Las lluvias de los últimos días no
han logrado llenar los embalses de Cataluña, cuyas reservas han pasado
del 25% al 26%.
La sequía está pasando ya factura a las centrales hidroeléctricas.
La falta de agua ha provocado una reducción, en los tres primeros meses
del año, del 50% en la producción de energía hidráulica. Las últimas
lluvias no son suficientes para paliar la delicada situación de estas
empresas que convierten el agua en electricidad, y la mayoría de los
embalses de Cataluña y Aragón siguen por debajo de la mitad de su
capacidad. Ante esta situación, Endesa ha incrementado su actividad en
las centrales térmicas para garantizar el suministro.Esta semana, y pese
a las lluvias, las reservas de agua de Cataluña sólo han logrado pasar
del 25% al 26%, cuando el año pasado por estas fechas estaban al 66% de
su capacidad. Los expertos consideran que la mayor parte del agua caída
el miércoles no ha llegado a los pantanos porque "ha sido absorbida
por la tierra, que estaba extremadamente seca", explica el
responsable del centro meteorológico del Alt Empordà, Ferran Pou. Las
esperanzas están depositadas ahora en la perturbación que visitará
Cataluña este fin de semana y que podría extender las precipitaciones a
las cabeceras de los ríos.
Las hidroeléctricas de Cataluña producen entre el 20% y el 25% de la
electricidad consumida. Pero desde enero estas centrales sólo pueden
ofrecer la mitad de esta energía. La falta de reservas de agua en los
embalses ha provocado el paro de muchas turbinas en las minicentrales,
mientras que las que funcionan lo hacen a medio gas, según reveló ayer
Joaquim Llop, responsable de producción hidráulica de la unidad
territorial que Endesa-Generación tiene en Lleida. Llop controla un total
de 32 centrales de los ríos Ebro, Ter, Segre y Noguera Pallaressa.
"La producción de energía ha descendido desde enero un 50%
respecto a la cifra de un año normal", informa Llop. Las reservas de
los embalses están bajo mínimos y Endesa no puede permitirse el lujo de
gastar la poca agua que le queda, "ya que una central está obligada
a mantener un caudal mínimo por servitudes y compromisos y a estar
preparada para atender los picos de demanda", añade. La central de
Camarasa, en la desembocadura del Noguera Pallaressa, ilustra la alarmante
situación. El embalse está a un 23% de su capacidad (la cola se ha
secado) y "las cifras de producción de energía -afirma Llop- son
las peores de los últimos 20 años".
En las comarcas de Girona, la intensa lluvia caída durante todo el
miércoles y el viento provocaron cortes de luz que afectaron a unos
30.000 abonados, según la compañía Fecsa-Endesa, de núcleos urbanos
pequeños y muy dispersos. Las averías se produjeron a causa de pequeñas
inundaciones en estaciones transformadoras y por cortocircuitos causados
por el viento en la líneas eléctricas aéreas. Los apagones no afectaron
a todos los clientes a la vez, sino que se fueron produciendo a lo largo
del día.
Ayer por la mañana todavía continuaban sin luz unos 300 abonados del
barrio de Santa Eugènia de Girona, donde los apagones afectaron a unos
1.000 abonados. Hacia el mediodía, la compañía consiguió conectar un
grupo electrógeno y restablecer el servicio.
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