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El desarrollo sostenible también ha
sido objeto de debate en la cumbre de Barcelona.
No es infrecuente que determinados hechos, que constituyen importantes
hitos, puedan pasar inadvertidos en el momento en el que se han producido.
Esto mismo podría suceder en el caso del logro que se ha registrado en el
Consejo Europeo de Barcelona en materia de política ambiental.
Ciertamente, la atención pública prestada al Consejo Europeo de
Barcelona se ha centrado fundamentalmente en aspectos sociales y
económicos de notable relevancia que, sin duda, han contribuido a
consolidar aún más los dos sólidos pilares del desarrollo de la UE. No
obstante, el indudable éxito de estos logros no debe en modo alguno
ensombrecer un hito de tanta trascendencia como es el hecho de que,
también en este Consejo Europeo, se haya producido el asentamiento de un
tercer pilar, el medioambiental, como soporte de un nuevo modelo de
desarrollo comúnmente conocido como desarrollo sostenible.
Quizá para aquellas personas no muy familiarizadas con la historia de
la política medioambiental puede ser poco relevante el hecho de que en
Barcelona, por vez primera, se hayan situado en el mismo plano las
políticas social, económica y ambiental. El hecho es que, por primera
vez en su historia, el Consejo se ha reunido con el fin de tratar al
unísono la situación económica, social y medioambiental de la UE y
avanzar así hacia un modelo de desarrollo sostenible en el que "el
crecimiento actual no debe en ningún caso poner en peligro las
posibilidades de las generaciones futuras".
Lograr la plena integración de las consideraciones ambientales en
todas las políticas sectoriales, otorgar al Sexto Programa de Acción en
materia de Medio Ambiente la categoría de instrumento clave del
desarrollo sostenible, procurar que la Unión complete su proceso de rati-ficación
del protocolo de Kioto antes de junio, impulsar el desarrollo de
tecnologías medioambientales, avanzar hacia modelos de tarificación de
infraestructuras que reflejen mejor sus costes, fomentar la eficiencia
energética, decidir que a más tardar en diciembre de 2002 se adopte la
directiva sobre fiscalidad de la energía, motivar que la dimensión de la
sostenibilidad sea incorporada a la evaluación de impacto y garantizar
que el aprovechamiento del potencial de la biotecnología se base en el
principio de cautela y tenga en cuenta inquietudes de orden ético y
social, son algunas de las medidas acordadas en Barcelona.
Paralelamente, en Barcelona también han sido adoptadas importantes
decisiones en materia de política ambiental internacional y regional.
Así, además de instar a otros países industrializados a ratificar el
protocolo de Kioto, se ha logrado avanzar en mayores cotas de compromiso
en ayuda oficial al desarrollo, se ha impulsado la cooperación financiera
euromediterránea -cuyos fondos tienen particular interés para proyectos
ambientales- y se ha acordado que, en la sesión de junio en Sevilla, el
Consejo determinará la posición global de la Unión Europea para la
cumbre de Johannesburgo y que, en la primavera del 2003, revisará la
estrategia global para el desarrollo sostenible centrándose en la puesta
en práctica de los resultados de la cumbre de Desarrollo Sostenible.
Ciertamente, en Barcelona han quedado asuntos ambientales pendientes
que nos hubiera gustado avanzar con vistas a la cumbre mundial de
Desarrollo Sostenible. Estos asuntos no han pasado a un segundo plano,
sino que siguen el transcurso de los acontecimientos internacionales
(Indonesia, del 27 de mayo al 7 de junio) que nos llevarán a la cumbre de
Sevilla.
No obstante, si se repasan sus conclusiones, podrá observarse que en
la cumbre de Barcelona el medio ambiente ha dejado de ser un
compartimiento estanco, una política aislada, y ha pasado a ser
considerado un pilar del desarrollo sostenible junto con los dos pilares
tradicionales: el social y el económico.
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